El emplazamiento de la patria / ópera

De la épica al melodrama


La Secretaría de Cultura de Michoacán puso fin a su programa cultural de 2010 con el estreno de la ópera El emplazamiento de la Patria, original del compositor Manuel Cuevas (Morelia, 1971). La obra, descrita como un “melodrama trágico”, debutó este fin de semana en dos funciones, el sábado 18 y el domingo 19 de diciembre, en el teatro Melchor Ocampo.
Con la puesta en escena también llegó a su término el calendario institucional de actividades conmemorativas en Michoacán por el bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, ya que la historia de esta puesta se ambienta en la antesala del estallido de la guerra insurgente.

EN VIDEO / Protocolo antes del estreno


Distribuida en dos actos y tres escenas (La partida, La ausencia y La tumba), El emplazamiento de la Patria tiene como protagonistas a José María Morelos y Pavón y a Brígida Almonte, con quien el futuro Siervo de la Nación engendró un hijo. La puesta en escena idealiza la relación entre ambos personajes y los ubica en el contexto de un amor imposible. De hecho, la obra comienza con la despedida entre ambos.
En la primera escena, un joven Morelos de 25 años de edad acude a una cita con su amada Brígida para decirle adiós, pues está a punto de abandonar Apatzingán a fin de volver a su natal Morelia, al Colegio de San Nicolás, donde emprenderá los estudios que lo conducirán al sacerdocio.
Los diálogos del héroe, en esta parte de la obra, proponen que Morelos elige el camino de la sotana, no por una vocación religiosa en sí misma, sino porque piensa que sólo accediendo a los conocimientos que le puede dar la formación eclesiástica contará con mejores posibilidades de contribuir a la independencia de la Nueva España.
La despedida marca el sino de los personajes. En la escena siguiente veremos a Brígida Almonte agonizar a causa de una de las fiebres propias de Tierra Caliente, mientras su padre la desprecia por haber engendrado a un hijo ilegítimo, Juan Nepomuceno Almonte y por negarse a contraer matrimonio con un prospecto que él le ha conseguido.
Brígida morirá, tras ser maldecida por su progenitor, pero no sin antes pedirle a su criada y amiga, Lugarda, que cuide del niño y ponga al tanto de los hechos a José María.


Luego de un cuadro dedicado al sepelio de la joven mujer, la última escena muestra cómo, en fugaz viaje a la Tierra Caliente, Morelos acude a la tumba de Brígida. Ahí escucha la historia que Lugarda tiene qué contarle y asume la paternidad de su hijo, ya adolescente. También es en ese lugar donde la obra instala el episodio en que Morelos es designado por Hidalgo como comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias del sur, ya que un mensajero seguido de un gran contingente llega hasta el protagonista para darle a conocer la determinación del Padre de la Patria. Y es allí, ante la tumba de Brígida, donde Morelos asume su compromiso, se desprende de su pasado y determina cumplir su cita con el Destino.


No tengo una opinión definida sobre la estructura y el tratamiento musicales que el maestro Cuevas ha elegido para narrar esta historia a partir de la ópera. Lo mío no es la música, sino el teatro y las artes visuales y no hay nada peor que pretender hablar de aquello que uno no conoce. Con esa tácita reserva, la única opinión que sí puedo emitir sin reservas acerca de esta puesta en escena, porque se refiere a algo que sí conozco (y que tiene que ver con la formación vocal que precisa lo mismo un actor que un cantante), es la siguiente: con excepción de la soprano Claudia Arévalo, que es la voz mejor educada de todo el elenco, la presencia vocal ha sido tan débil en las funciones de estreno de El emplazamiento de la Patria, que los diálogos y soliloquios de los personajes han sido continuamente “comidos” por la instrumentación orquestal.
Por lo demás, para quien desee leer algunos comentarios críticos mucho más fundamentados de los que yo podría emitir desde el punto de vista musical, no dudo aquí en recomendar ampliamente el texto alusivo a esta obra que publica el periodista Erick Alba en La Jornada Michoacán (el enlace, aquí).


Pero si me declaro incapaz de cualquier comentario acerca de lo estrictamente musical en El emplazamiento de la patria, en cambio sí puedo extenderme en otros aspectos.
De entrada, debo decir que la idea de exhibir una temprana crisis amorosa para el joven Morelos, en el contexto de una disyuntiva entre la vida personal y “el llamado del Destino”, no es mala en absoluto. De hecho, plantea un tema universal, vigente y que puede llegar a ser profundamente intenso por todo lo que implica en términos de sacrificio. Las licencias artísticas que el autor ha emprendido tampoco me parecen incorrectas en principio. Por ejemplo, el hecho de desplazar el episodio del nombramiento de Morelos como general acierta al colocar esa decisión ante la tumba de la mujer que Morelos ha amado, ya que acentúa el conlicto entre el afecto y los ideales.
A pesar de todo, luego de presenciar las dos funciones de estreno, el sábado y el domingo, me quedo pensando en por qué llevar a un personaje épico, como Morelos, a los territorios más estrechos del melodrama.


En el mismo sentido, me pregunto cómo es posible hablar de esta obra en los términos de un “melodrama trágico”, siendo que ambos géneros son muy difíciles de conciliar porque sus intenciones y sus mismísimas estructuras de representación son completamente distintas.
Si El emplazamiento de la patria pretende ser tragedia, por ejemplo, la estructura no justifica el título. No hay estásimon, el papel el coro está absolutamente desdibujado y, en general, faltaría bstante trabajo en esa dirección.
Por otro lado, el tono melodramático, que sí está presente, disminuye de inmediato los elementos reflexivos más profundos que se le podrían haber arrancado al tema. Y la razón de esto no es difícil de comprender. El melodrama es un género que exacerba el papel de las emociones, las desborda. Y es evidente que un espíritu afectado por emociones desbordadas no tiene la serenidad necesaria para reflexionar de manera profunda.
Esta es la razón (dicho sea de paso) por el que la telenovela y otras formas narrativas que echan mano del melodrama son tan populares: anegan al espectador con emociones intensas, pero esa intensidad es inversamente proporcional a la profunidad de la propuesta en términos de concepto.


Estas me parecerían, en todo caso, las observaciones de fondo más pertinentes ante el sentido de la ópera que hemos visto.
Por lo demás, una escenografía atractiva, que en su base juega con los tonos ocres terracalentanos, hace contrapunto a un trazo escénico bastante esquemático y que tiene el problema adicional de que no aprovecha por completo los niveles de significación que están propuestos para el espacio por el diseño escenográfico.


Vale. Ahí queda esta nueva aproximación al Rayo del Sur, de la cual vale la pena destacar el hecho indispensable de que se trata de una obra concebida desde Michoacán, en Morelia, y que procura una mirada dirigida al mayor héroe que engendró nuestra ciudad, la antigua Valladolid, en el duro trance del nacimiento de la patria.
Entiendo asimismo que, salvo la cantante que interpreta a Brígida, los integrantes del elenco son ante todo cantantes amateur o todavía en preparación. En todo caso, cantantes que no viven profesionalmente de esa actividad. Bien está el empeño, que permite una mirada benevolente, pero la benevolencia no impide señalar, desapasionadamente, los detalles que exhibe el trabajo en su conjunto.
Participaron en la puesta el tenor Jesús Belmonte, la soprano Claudia Arévalo, el barítono Fabio Granados y la mezzosoprano Liliana Ortega, todos arropados por la Camerata Juvenil de Michoacán bajo la dirección de Mario Rodríguez Taboada. La dirección escénica ha sido de Juan Carlos Arvide.

EN VIDEO / Aspectos de la ópera