VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce

Reafirmaciones a la figuración

Abrió el Museo de Arte Contemporáneo la edición 2009 del escaparate visual dedicado a la memoria del artista patzcuarense


Vista general del presidium en el jardin del museo, la noche de inauguración.

Instalada firme y propositivamente en una vertiente figurativa que hace suyas las actitudes de la transvanguardia que emergió como uno de los últimos movimientos mundiales de la plástica y la gráfica a finales del siglo pasado (su debut internacional: la Bienal de Venecia de 1980), la VII Bienal Nacional de Grabado y Pintura Alfredo Zalce fue inaugurada este viernes 6 de noviembre en Morelia, en el Museo de Arte Contemporáneo, con una colección de 94 obras que afirman restitutivamente la vigencia de lo figurativo. La colección de títulos que conforman a esta colectiva exige la visita obligatoria de todos los interesados por las artes visuales, pues explora las aportaciones que le han incorporado a la vertiente figurativa actual las experiencias del minimalismo, del arte conceptual, de los distintos neo expresionismos y, desde luego, de los diversos informalismos y del arte abstracto de fines del siglo XX y comienzos del XXI.

La crítica y curadora Argelia Castillo durante su intervención en el acto de protocolo.

La muestra bianual que nació en Michoacán en 1997 (cuando el actual secretario de Cultura, Jaime Hernández Díaz, era, a la sazón, director del entonces Instituto Michoacano de Cultura, y cuando el muralista patzcuarense Alfredo Zalce contaba con 89 años de edad) consta este año de 39 títulos en terrenos de la gráfica y 55 títulos en el ámbito de la plástica. Las obras, que permanecerán a la vista del público durante cuatro meses, hasta el próximo marzo de 2010, fueron seleccionadas de entre más de mil doscientas obras enviadas por 471 autores. El jurado responsable de la selección y de los premios y menciones estuvo conformado por los críticos y curadores de arte Argelia Castillo, Laura de la Mora y Luis Rius Caso.

Protocolo en el jardín
La ceremonia de inauguración tuvo como escenario los jardines del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ), en los que se instaló un presídium que compartieron la directora del museo, dos de los tres jurados, funcionarios de la federación y de los gobiernos estatal y municipal, así como representantes de las fuerzas armadas, de los tres poderes y de círculos académicos.Con cuatro intervenciones, el acto de protocolo fue breve y fluido. Comenzó con la participación de María Eugenia Fuentes Lanning, actual directora del MACAZ, continuó con palabras de las jurados Argelia Castillo y Laura de la Mora, y concluyó con la intervención del secretario de Cultura, Jaime Hernández. Posteriormente se hizo entrega de trece menciones honoríficas y dos premios de adquisición.


El michoacano Juan Paulín Lara recibe su mención honorífica durante la ceremonia inaugural.

Los premios
Los premios de adquisición de este año en plástica y grabado recayeron, respectivamente, en los siguientes autores: Luis Carlos Hurtado Hernández (México, Distrito Federal) por su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal (2009, 52 x 78 cms.) y María del Pilar Palacio Sánchez (Aguascalientes, Aguascalientes) por su mixta de aguatinta, aguafuerte y ruleta Uno, de la serie Vigilas desde este cuarto donde la sombra temible es la tuya (2009, con una composición de 70 x 123 cms. sobre un soporte de 78 x 128 cms.).

Menciones en plástica
Las menciones honoríficas en plástica han sido para los siguientes autores:
Favio Martínez García (Morelia, Michoacán), por su acrílico sobre tela Mass media (2009, 78.5 x 126 cms.); Juan Paulín Lara (Morelia, Michoacán), por su acrílico sobre tela En la combi (2008, 130 x 130 cms.); Carmen Dolores Chami Pedrosa (México, Distrito Federal), por su óleo sobre macocel Añoranza (2009, 122 x 122 cms.); Juan Castañeda (Aguascalientes, Aguascalientes), por su óleo sobre losetas de vinil Mujer tirada (2009, obra para piso, 122 x 153 cms.); Emmanuel Cruz Muñoz (Xalapa, Veracruz), por su mixta sobre tela Volador del viento (2008, 120 x 100 cms.); Mónica Zamudio Zamudio(México, Distrito Federal), por su tinta china y sanguina sobre madera Estructura muscular (2009, 170 x 40 x 20 cms.), e Iván Méndez Vela (México, Distrito Federal), por su políptico Aún no -Vástago de Prometeo-, de la serie Indiferencias (2008, 156 x 188 cms.).


El listón inaugural es cortado por los funcionarios de distintas instancias de gobierno.

Menciones en grabado
A su vez, las menciones en grabado han sido para los siguientes autores:
César Alberto Chávez Victoria (Oaxaca, Oaxaca) por su xilografía El deseo y el miedo (2008, 89 x 60 cms. en composición sobre un soporte de 112 x 76 cms.); José Humberto Valdez Álvarez (México, Distrito Federal), por su lineografía Asimetría de alta costura de un cosmonauta suprarreal en once canales de TV a la vez (2009, 80.5 x 144 cms. en composición sobre un soporte de 88.5 x 146 cms.); İoulia Akhmadeeva Volochina (Morelia, Michoacán) por su huecograbado sobre placa en cobre, litografía y acuarela 3-5-14-23 (2009, 87 x 80 cms.); Diego Guerra (Tlalnepantla, Estado de México) por la litografía Tiempo de espera (56 x 66 cms.); Héctor Javier Ramírez (Guadalajara, Jalisco), por su punta seca Paso peatonal (2009, 100 x 69.5 cms.), y Edgar Cano López (Atizapán de Zaragoza, Estado de México), por su litografía sobre mármol mexicano Relatos de lo que va y viene (2009 28 x 38 cms.).

Un arte de ideas
Durante breves intervenciones (cuyos contenidos medulares son asequibles en uno de los dos videos disponibles en esta entrega) las criticas de arte y curadoras Argelia Castillo y Laura de la Mora Martí pusieron las cartas sobre la mesa, como corresponde, y compartieron con el público los criterios empleados para valorar y, en su caso, calificar y premiar los trabajos inscritos en esta séptima Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce.
En lo esencial se indicó que el jurado ponderó la calidad en la realización de cada obra, es decir, los aspectos técnicos, pero sobre todo la articulación de esta calidad en aras de obras generadoras de sentido. Esta última premisa responde a la necesidad de asumir al arte contemporáneo como una actividad generadora de ideas y no como una mera representación de lo real. Asimismo, Argelia Castillo describiría los principales ejes temáticos de la obra en exposición: una colectiva de fuertes contenidos urbanos, de sentido crítico y de una vehemente apropiación de la cultura popular, a fin de extraer sus temas de lo cotidiano, “no con la intención de elaborar meta-relatos, sino micro-narrativas”.


Durante el recorrido en el que las curadoras y jurados compartieron con el público las características más sobresalientes de las obras seleccionadas.

Reconocimiento y memoria
A su vez, tanto las críticas de arte como el secretario de cultura ofrecieron discretas pero efusivas felicitaciones a la actual directora del museo, Maria Eugenia Fuentes Lanning, por la actividad que ha realizado al frente de un museo que (no se dijo, pero así es) recibió en las manos prácticamente muerto, y al que ha sabido reactivar devolviéndole una dignidad indispensable, ya sea abriendo trincheras a los grupos más provocativos de la vanguardia local (la colectiva Nodo: estado periférico, como mejor ejemplo) o a autores de dimensión internacional (caso de la danesa Eva Gerd y del italo mexicano Alejandro Gómez de Tuddo, entre muchos otros, con su notable muestra Departamento de Salud Mental).
El secretario de cultura cumpliría también un pertinente ejercicio de resignificación del pasado al bocetar brevemente, durante su intervención, los hechos que hace once años dieron nacimiento a la bienal nacional de pintura y grabado que está llegando ahora a su séptima edición.
El historiador y funcionario recordó los pormenores que en 1997 llevaron a rendirle homenaje al autor patzcuarense Alfredo Zalce con la creación de esta bienal, en la inteligencia de que la mejor forma de reconocer su quehacer era la de crear una plataforma que ayudara a promover y difundir la obra de nuevas generaciones de autores.
Apenas unos años antes (durante la gestión del doctor Irineo Rojas como director del IMC), a Alfredo Zalce ya se le había homenajeado al darle su nombre al mayor escaparate de arte contemporáneo de Michoacán y aún más atrás en el tiempo se había editado, con motivo de una magna retrospectiva, el célebre Libro Azul, en colaboración con instancias como el IPN. Sin embargo, estaba pendiente la posibilidad de generar un espacio de divulgación que hiciera suyo el nombre del artista, quien fue una de las presencias significativas del arte moderno en México. La intervención del secretario de cultura aparece en otro de los videos de este post, pero vale la pena entresacar de ella reconocimientos puntuales a personajes como el arquitecto Jorge Solórzano, quien hace once años era director del MACAZ.


Vista parcial a uno de los salones de la planta alta del museo, donde se aloja la obra plástica.

Crecimiento permanente
La bienal Zalce es una de esas trincheras que muestra un crecimiento permanente en su capacidad de convocatoria. Baste recordar, para ir a lo más inmediato, las cifras de sus dos ediciones previas
Durante la V bienal (en diciembre de 2005), se recibieron 518 obras, de las cuales el jurado seleccionó 36 en la categoría de pintura y 37 en grabado.
Para la VI edición, en noviembre de 2007, se recibieron unas 900 obras de 356 artistas del país, de las cuales se seleccionaron 35 grabados y 51 títulos en plástica.
Ahora, en 2009, la VII bienal ha logrado convocar a 471 autores que enviaron más de mil doscientas obras, de las que el jurado seleccionó 39 grabados y 54 pinturas.
Asimismo, tal como pasó el año pasado, cuando los jurados Miriam Kaiser, Daniel Manzano y José Luis Soto elevaron a seis el número de menciones honoríficas en cada categoría, en 2009 también se ha remontado la cifra oficial de menciones con respecto a las tres anunciadas en la convocatoria, con siete en plástica y seis en grabado.
En cuanto a los galardones en terrenos pictóricos, en la pasada VI bienal el premio de adquisición en plástica fue para Carmen Parra Velasco por la mixta sobre tela Tan lejos, tan cerca.
En 2005, en la categoría de pintura, el Premio de adquisición fue para el moreliano Armando Fraga Villicaña por su acrílico sobre tela Ciclotimia. En este 2009 el Premio de adquisición en plástica se va a la ciudad de México, al serle otorgado a Luis Carlos Hurtado Hernández por su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal.


Los invitados conviven en el patio interior del museo.

Tendencias, mirada y prejuicios
La VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce estará abierta al público por cinco meses, tiempo suficiente para que todo interesado pueda acercarse a sus contenidos.
Ese lapso también me da la oportunidad de documentar a detalle, desde este blog, los contenidos de una muestra tan significativa, dado que las bienales son espacios clave para tomarle el pulso al quehacer más actual en las categorías a que se dedican.
Quiero comenzar esta serie de entregas considerando los contenidos de esta colectiva al amparo del espíritu que mejor define su perfil general: el de la transvanguardia italiana que fue reconocida por primera vez durante la Bienal de Venecia de 1980, cuando el crítico italiano Achille Bonito Oliva acuñó el término para definir esa nueva tendencia que atraviesa las vanguardias: una pintura ecléctica que (en palabras del propio crítico), “no sólo recorre las opciones de los lenguajes históricos de las vanguardias, sino también las raíces culturales de las regiones” a la que pertenecen sus autores.
Esto es importante. Siempre decepciona hallar comentarios fáciles y tendenciosos de licenciados en artes visuales (imagínate: licenciados en arte) que con un solo adjetivo fatuo y tramposo intentan descalificar esfuerzos como el de esta bienal, apelando a facciosos argumentos como este: “la abstracción fue desterrada de la Séptima Bienal de Pintura y Grabado ‘Alfredo Zalce’, toda vez que el jurado calificador, –a decir de la curadora Argelia Castillo–, se propuso rescatar la pintura ‘en vías de extinción’ mediante la restitución de los lenguajes figurativos y desde ahí incorporarse al ‘discurso posmoderno’ que impera en el arte mundial” (según nota de Carlos Márquez en La Jornada Michoacán del sábado 7 de noviembre).
Puro esnobismo, como se ve, deformado por el prejuicio de que sólo las vertientes del arte virtual y sus distintos conceptualismos dan cuenta de nuestro tiempo. En fin. Sólo el esnobismo explica que alguien afirme que la figuración está en “vías de extinción” en un momento como este, cuando los artistas visuales figurativos más interesantes de México y del resto del mundo no hacen sino innovar nuevas trayectorias con un gozo y un placer que se echan de menos en otros ámbitos.
Por fortuna, para combatir ese sectarismo (en el que nunca faltan los que se la creen, aunque por suerte forman un despistado y auto-elogiatorio Club de Toby), el remedio es totalmente simple y directo: describir y ponderar a detalle los discursos y las estructuras de representación en los que se manifiestan los autores de esta sobresaliente colectiva. De entrada, pues, para cerrar esta primera entrega, unas palabras sobre el sentido de la transvanguardia.

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El secretario de cultura recupera los antecedentes de la bienal.

La bienal y la transvanguardia
Los contenidos de la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce responden bien a la tendencia transvanguardista (prefiero, por ahora, asumirla como tendencia, mejor que movimiento, pues un movimiento pide más acuerdos de los que parece haber en el transvanguardismo). Como sea, lo valioso de esta bienal es que estamos ante un conjunto de obras que reinciden en la representación figurativa, pero concibiéndola como una operación sincrética entre la expresión del individualismo y la continuidad con la tradición, de la cual los autores se apropian temática y estilísticamente de forma totalmente desprejuiciada.
Un principio le sirve de pilar a las camadas incluidas en esta colectiva: el descrédito de la idea de originalidad, sobre la que (no lo olvidemos) se asentaban las tesis de la modernidad artística. Es a partir de este rasgo como los artistas que se alojan hoy en las salas del MACAZ se desmarcan de la tesis del concepto evolucionista del arte (ese que pide o formula una continuidad entre escuelas, corrientes, estilos, movimientos y tendencias) y llevan adelante, en cambio, una revisión (ya crítica, ya desenfadada) de sus orígenes culturales.
Así pues, estamos ante un grupo de autores visuales que, a partir de sus obras, ponen en duda las posibilidades de transgresión e innovación sobre las que se fundaron las vanguardias, y van en pos de otros procesos e incluso de otras categorías cuestionadoras, pero siempre (y aquí está lo interesante) transitando por esas vanguardias, haciendo propias sus aportaciones y manipulándolas como mejor les viene en gana.

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La directora del MACAZ y las jurados comparten los criterios para la calificación.

Hay irreverencia en estos tratamientos, pero también un continuo ejercicio de lucidez, que es tan demandante como exigente a la hora de mostrarnos a autores que son muy conscientes de una herencia: pero no para continuarla, sino para desafiarla.
Este es, sin ir más lejos, el espíritu de las dos obras ganadoras de los premios de adquisición de la bienal de este año.
En su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal, por ejemplo, lo que más me sorprende del trabajo técnico desplegado por Luis Carlos Hurtado Hernández es la manera en que va en pos de un tratamiento fotorrealista, pero desde una articulación semántica que se lo debe todo (o casi) a las lecciones propias de lo abstracto.
Por ejemplo, hay una tensión exquisita entre la más antigua premisa de la tradición académica (aquella que dice: “la mejor forma de ver un cuadro es contemplándolo de lejos”) y la manera de responder a esta demanda por parte del autor.
Si uno es atento, descubrirá que al acercarse a este óleo se alcanza un punto en el que no hay ninguna forma, sino un riquísimo juego de ritmos y texturas abstractas. A medida que uno marca su distancia y se va alejando de la obra, esta va adquiriendo una visualidad convencional y cartesiana. Lo más curioso de este tratamiento es que, entre más nos alejamos de la plataforma, son más los detalles “realistas” que captamos”. Entre más nos acercamos, en cambio, mejor descubrimos el acucioso trabajo de estructura desplegado por el autor a partir de la modulación de la pincelada, la recarga o la ligereza de sus pastas y el indispensable quehacer con los trazos, la articulación de planos y el tratamiento a la temperatura del color.
Se ve fácil. Parece simple. No lo es. Y en este espíritu que parece mostrarse sin complicaciones, pero que en realidad exige un muy desafiante ejercicio de problematización, es donde encuentran sus mayores virtudes los autores reunidos en esta colectiva de la que continuaremos hablando en este mes y el siguiente.
Mientras, que nadie deje de visitar la bienal. Descubrirá, si la escudriña cuidadosamente, que uno de los grandes temas de los que se ocupa, o en el que coinciden varios de sus integrantes, es el de una realidad mediada, en la que la lectura del mundo ocurre a través de imágenes que nos remiten a otras imágenes.